Mostrando entradas con la etiqueta Mereketengue. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mereketengue. Mostrar todas las entradas

viernes, 18 de diciembre de 2009

Derecho a hablar mi lengua


El 18 de Diciembre se celebra en todo el mundo el Día del Inmigrante.
Para esta fecha, Mereketengue eligió hablar entonces del Derecho a hablar mi lengua. Una manera de conservar la cultura, y enriquecernos con el modo de hablar de otras personas:


Para cambiar de bloque presionar >>

Bajar Programa

Radio y televisión para niños y niñas



La radio y la televisión son, o deberían ser, una herramienta de formación y educación. Un aporte a la cultura. Esa es la intención de Mereketengue. Por eso, como el 11 de diciembre se celebra el Día Internacional de la Radio y la TV por los Niños y las Niñas, es así como festeja nuestro programa:


Presionar >> para pasar al siguiente bloque

Descargar Programa

sábado, 5 de diciembre de 2009

Carta a l@s oyentes

Querid@s radioescuchas:
Quería pedirles disculpas si últimamente no actualizo mucho el blog, las demoras típicas de fin de año, los cierres, las definiciones, y todo lo que se nos puede cruzar en el camino a esta altura del año generan este retraso.
Sin embargo ya estoy trabajando para ponerme al día con todo. Así que mantenganse cerca, que se vienen nuevos programas, temáticos, para ni@s y grandes, para disfrutar, reirse, reflexionar, bailar, cantar, escuchar atentamente y no parar de crecer.

viernes, 21 de agosto de 2009

Sofía - Ruth Kaufman

Como parte de los festejos por el día del niño y la niña, en Mereketengue compartimos este hermoso cuento de Ruth Kaufman: "Sofía".

Sofía
de Ruth Kaufman

Los sábados eran días especiales en casa de Sofía. La mamá cocinaba galletitas de coco, de chocolate y de miel. Un olor riquísimo inundaba la casa y Sofía se moría de ganas de comerse el aire.

Pero cuando sacaban las galletitas del horno, apenas si probaban una o dos y enseguida las guardaban en una lata azul y roja para el día siguiente.

La mamá planchaba la ropa que se pondrían al otro día, y si le quedaba tiempo iba a la peluquería.

Sofía, en cambio, se pasaba la tarde entera dibujando. A la nochecita acomodaba todos los dibujos sobre el piso de la cocina y elegía uno, sólo uno, para el día siguiente.

El domingo se levantaban temprano, tan temprano que en invierno todavía era de noche. Sofía se vestía en un santiamén; su mamá, en cambio, estaba horas arreglándose el vestido, peinándose, ensayando sonrisas con los labios pintados.

Primero tomaban un ómnibus, después un tren, luego otro ómnibus y al final caminaban. Por la calle se cruzaban con otras mujeres con niños que iban, como ellas, de visita a la cárcel.

Ese domingo las revisó, como siempre, una mujer policía. Les hizo sacarse la ropa, dio vuelta la cartera de la mamá, abrió la lata, metió los dedos entre las galletitas. También agarró el dibujo de Sofía.

Se quedó unos segundos mirándolo, luego sacó un bolígrafo y tachó, uno por uno, todos los pajaritos que volaban en el papel.

–Está prohibido dibujar palomas –dijo y le devolvió a Sofía un papel lleno de cruces negras.

Ellas atravesaron el pasillo de la cárcel y entraron en la pieza donde las esperaba el papá. Se llenaron de besos, charlaron, comieron las galletitas de coco, de chocolate y de miel. Por primera vez, Sofía no llevaba ningún dibujo de regalo.

Al sábado siguiente Sofía volvió a dibujar toda la tarde. Esta vez rompió muchos papeles hasta terminar el que le llevaría a su papá.

En la cárcel las revisó la misma mujer policía. Les hizo sacarse la ropa, husmeó las galletitas, dio vuelta la cartera de la mamá. Tomó el dibujo de Sofía y durante un rato largo, demasiado largo, se quedó mirándolo.

–Pueden pasar –dijo al fin. Y les devolvió el dibujo.

Antes de las galletitas, antes de contar nada, Sofía se abalanzó sobre el papá y le regaló el dibujo. El papá se demoró un rato mirando la casa, los árboles, el cielo con el sol amarillo y las nubes.

–¿Qué son esos redondelitos de colores?–le preguntó a Sofía señalando las copas de los árboles. Sonriendo Sofía contestó:

–Son los ojos de los pajaritos que están escondidos.